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Calle Colón, Huete, España
GPS: 40.14522239999999, -2.6886882000000014

 

Audio-Guía
Locuciones de Manuel Olarte Velasco y Vistas360 de Manuel Olarte Madero

El Museo de Arte Sacro de Huete intenta recordar la riqueza religiosa que un día tuvo esta ciudad, una muestra del patrimonio eclesiástico que resistió a las desamortizaciones, los asaltos y las guerras.

La belleza e importancia de las piezas, muchas de ellas auténticas obras de arte, como la cruz parroquial de la parroquia de San Nicolás de Almazán, obra de Becerril, que acompaña a otras como las de Atienza o Santa María de Lara. Las herramientas de oficios están acompañadas por trajes y mantos, elegantes muestrarios de los tejidos de otras épocas y gentes, y de una curiosa cruz de marfil, ejemplo de la delicadez artística de la época en este tipo de materiales. También se conserva lo poco que quedó de la imaginería y la pintura optense, con un bonito ejemplo de un Bautismo.

Las numerosas iglesias parroquiales y conventuales con que contó la ciudad de Huete acumularon un acerbo de materiales de interés histórico y artístico considerable. Mucho de ello se ha perdido como consecuencia de cambios de gusto y más aún, por las disputas surgidas en razón de la inestabilidad política existente durante ciento cincuenta años, empezando por la custodia de asiento firmada por Francisco de Becerril. A ello ha venido a sumarse una renovación litúrgica, consolidada con los cánones del Concilio Vaticano II aunque iniciada antes, que ha dejado prácticamente obsoletas muchas piezas, sobre todo en las vestiduras litúrgicas.

Ello ha llevado a la creación de este Museo de Arte Sacro que fue inaugurado en 1984 y que en 2014 se ha renovado totalmente para favorecer la presentación al público de aquí y de fuera y tratar de preservar y conservar mejor para ahora y para la posteridad, inicial propósito, una serie de objetos importantes para la historia y el arte. Junto a las procedentes de
templos de la ciudad, hay obras venidas de iglesias de lugares despoblados del antiguo alfoz de ella. Y, junto a ellas, que pueden ser consideradas, salvo excepciones, destinadas al culto divino público, hay otras que reflejan la devoción privada, intimista y doméstica que se desarrolla en la Baja Edad Media y refuerza el Concilio de Trento en el siglo XVI, varias de ellas donaciones de nuestro tiempo. Más existen pero esperan mejor ocasión de exhibirse, cuando se consiga restaurarlas, como es deseo del museo.

LA PINTURA

Son numerosas las piezas pictóricas dedicadas a santa María, la madre de Dios, cuya figura, se agranda a partir del siglo X en Europa y desde el siglo XII al XVI no hace sino crecer, representándose bajo innumerables patrocinios y advocaciones y multiplicándose las historias en que tiene algún protagonismo. Predomina lo barroco, que muestra las corrientes pictóricas que se ven en Madrid y Valencia en los siglos XVII y XVIII y se entrecruzan en las tierras de Cuenca y Huete. Las dos historias del Antiguo Testamento, de obrador flamenco que seguía el estilo de Rubens, estarían decorando un espacio en el
domicilio de algún clérigo o lego enterado, antes de ser cedidos a la iglesia. El mismo origen tendrá la serie más modesta de la Vida de la Virgen. El San Juan Evangelista se haría para una pechina de su capilla. Algunos de ellos nos hablan de como una devoción particular acabará haciéndose pública. Así la Virgen de Guadalupe, que sería regalo de algún indiano, o la Soledad del convento de Mínimos de la Victoria, presente probable de hueteño viviendo en Madrid.

LA ESCULTURA

Las dos imágenes más antiguas, un santo Obispo, probablemente San Nicolás, titular de dos de las antiguas iglesias de la ciudad, y la Concepción, procederán de retablos de mediados del siglo XVI. Al barroco de avanzado el siglo XVII corresponden el Santo Soldado, y de comienzos del siglo XVIII será el San Francisco Javier, de hacia 1700, que habrá salido de un retablo de los jesuitas. Las dos bellísimas figuras del Niño Jesús y la más humilde de San Juanito son muestra de la devoción domiciliaria en el siglo XVIII. Será también el interesante Crucifijo de marfil, de tallista chino activo en Filipinas en el siglo XVII, adquirido por algún optense establecido en Ultramar.

LA ORFEBRERIA

La cruz procesional, es la que acompaña en el bautismo y en los funerales y, hasta el siglo XIV, la que se colocaba en el altar durante la misa, donde debe haber siempre un Crucifijo. Son magníficas las dos del siglo XVI, una del conquense Francisco de Becerril, otra de Noe Manuel, y la debida a Miguel Martínez de Arta a comienzos del XVII. La cruz procesional tiene entre sus valores la de ser enseña de las parroquia. Aunque originariamente, cálices y patenas, podían ser utilizados en el misterio fundamental de la misa, la consagración que hace del pan y el vino cuerpo y sangre de Cristo. Desde el siglo XII se construyeron en metal precioso, estaño o cobre dorado o plateado. Hay ejemplares de los siglos XVI a XIX, alguno fabricado en Huete. Desde finales del siglo XVI los ostensorios o custodias se hacen en forma de sol radiante como las que se ven, madrileñas del siglo XVII y de 1807.

LOS ORNAMENTOS

El atavío de los oficiantes se denominan ornamentos y son derivaciones más o menos deformadas, de la vestimenta romana, aunque desde hace más de medio siglo intentan aproximarse a ellas. Las lujosas que se muestran, cuya factura oscila entre 1570 y 1830, responden a formas, hoy en desuso, que apenas evolucionaron a lo largo de ocho siglos, y servían para misas y oficios solemnes y muy señalados, de tres ministros. De ahí la riqueza de su decoración. La única obligatoria para todo tipo de misas es la casulla. Desde el siglo XV estaba establecido que el color variase con el calendario, aunque ya se definía a comienzos del siglo XIII. Las iglesias contaban con varios juegos y, además, las capillas privadas abiertas en ellas también los tenían. Este será el origen de la casulla china y, acaso, el del terno negro de difuntos.

Precio: 2€ por persona. Niños menores de 10 años, entrada gratuita.

Horario:

Horario invierno (noviembre a febrero): 11.00 – 14.00 / 16.00 – 18.00.
Horario verano (marzo a octubre): 11.00 – 14.00 / 17.00 – 19.00

Lunes y martes cerrado